Técnica del Volcán para acabar con las Rabietas

Nuestr@s hij@s pueden llegar a frustrarse a menudo. Como niñ@s buscan el placer inmediato, por lo que irse a casa cuando se lo está pasando tan bien, no comprarle el juguete que está ahí mismo en ese estante, tener que sentarse a hacer los deberes en lugar de ver los dibujos que tanto le gustan y otras muchas situaciones con las que podríamos hacer una lista interminable, pueden terminar en un berrinche con el que muchas veces no sabemos lidiar.

Como padres tenemos que tener claro que nuestra función es enseñarl@s a gestionar esa frustación y, como tod@s sabemos, no siempre es fácil. Ignorarl@ o aislarl@ enviándole a su cuarto, por ejemplo, genera desconfianza y aviva el sentimiento de frustración haciendo que la próxima vez la explosión pueda llegar a ser más fuerte. Lo ideal es acompañar a nuestr@ hij@ para que se sienta segur@ y confíe en que pase lo que pase, siempre podrá contar con nosotr@s.

Nosotras utilizamos la Técnica del Volcán para reconducir las rabietas y enseñarles a identificar su frustración, de manera que puedan aprender nuevas estrategias para afrontarla. Os explicamos en qué consiste.

En primer lugar, tras una rabieta y una vez que nuestr@ pequeñ@ se haya calmado, le explicamos que cuando se pone como se ha puesto se parece a un volcán en erupción. Preguntarle si sabe lo que es una volcán, hablar sobre ellos, sobre cómo se va llenando de lava desde abajo hacia arriba hasta que termina escupiendo fuego arrasando con todo lo que se encuentra a su paso. Y explicarle que es lo que le ocurre a él/ella: que cuando algo no le gusta empieza a subirle la rabia desde los pies, por las piernas, llenándole todo el estómago (a veces incluso haciéndole un nudo que puede sentir perfectamente en la boca del estómago), subiendo por su pecho, sus brazos, su cabeza… Hasta que llega a su boca y sus manos y entonces es como si escupiese lava: gritando, llorando, pegando puñetazos… todo lo que tu hij@ haga durante la explosión.

Después de charlar sobre ello, nos sentamos con nuestr@ pequeñ@ a dibujar un volcán, como él/ella quiera. Le explicamos que ahora mismo, cuando está calmado, el nivel de rabia estaría en la base del volcán, a ras del suelo. Y preguntarle por el nivel de varias situaciones con distintos niveles de frustación: la última rabieta (que podría estar en la boca misma del volcán llenándolo todo de fuego), algún enfado en el que tu pequeñ@ no llegara a explotar del todo (que podría estar hacia la mitad).

De esta forma podemos ayudarle a identificar los signos que le envía su cuerpo cuando empieza a frustrarse para que podamos pararlos antes de que lleguen al extremo y perdamos tod@s los nervios.

Colgaremos el dibujo en algún lugar donde podamos verlo (en una pared de su habitación, en la nevera…) y acordamos con él que cuando empiece a enfadarse iremos al volcán y señalaremos el nivel en el que se encuentra, para buscar la manera de que no siga subiendo, sentándonos a respirar tranquilos, haciendo un dibujo, o lo que mejor os funcione.

En importante, sobre todo al principio, que seamos los padres los que le indiquemos cuándo se está encendiendo con un: «Creo que el volcán está empezando a activarse, ¿vamos a ver en qué nivel está?», para que poco a poco sea él/ella la que pueda identificarlo y, cuando esto empiece a ocurrir, felicitarle a lo grande por ser capaz sin vuestra ayuda de haberse dado cuenta (si las rabietas también se dan fuera de casa al principio puede ser buena idea llevar el dibujo encima).

Una vez delante del volcán es fundamental tratar de empatizar con él/ella, aunque su razonamiento no sea adecuado. Por ejemplo: si se ha empezado a enfadar porque quería que le comprarais una chuche y le habéis dicho que no, decirle algo como: «entiendo perfectamente que te hayas enfadado porque tu querías la chuche y es un fastidio que no te la compremos, a mí me pasa lo mismo cuando quiero que obedezcas a la primer (por ejemplo) y tú no me haces caso, me empieza a subir el volcán y a veces termino gritándote, ¿verdad? ¿Cómo crees que podemos hacerlo la próxima vez?» Y hablar del tema, escuchándole y haciendo qué él/ella mism@ encuentre una estrategia que pueda ayudaros a gestionar ese tipo de situaciones.

Empezar a usar nosotr@s mism@s el volcán cuando empecemos a enfadarnos hará que tu hij@ no genere sentimientos de culpa o de incomprensión, y favorecerá que sea él/ella quien tome la iniciativa de utilizarlo cuando lo necesite. No se trata de condenar el enfado, que es una emoción normal y sana, sino de aceptarlo y empezar a gestionarlo para que no nos domine.

De esta manera l@ ayudamos a ir haciéndose poco a poco responsable de sus actos, favorecemos su pensamiento crítico, y le enseñamos a gestionar sus emociones de una manera que facilita la comunicación y la confianza.

No dudéis en contarnos qué tal os va con la técnica en nuestro Foro, así como en compartir vuestra historia para poder daros alguna pista de cómo adecuar la técnica según vuestro caso concreto. ¡Os esperamos!

Laura Ramírez

Compartir esta publicacion

Dejar un Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*