Una historia sobre el Colecho

Hoy os voy a contar una historia, de cuando el ser humano comenzó a andar erguido y a tener sus extremidades superiores libres. Una historia antigua que todos hemos oído alguna vez, pero que tenemos que analizar para conocer sus implicaciones en nuestras vidas actuales.

En ese momento se producen cambios en nuestro esqueleto que nos imposibilitan para trepar a los árboles, obligándonos a dormir a ras del suelo. El canal pélvico se transforma para soportar el peso del cuerpo erguido, permitiendo el crecimiento abdominal del embarazo. Y el pelo de todo nuestro cuerpo va disminuyendo hasta casi desaparecer, lo que nos lleva a dormir en compañía para mantenernos calentitos cuando las temperaturas nocturnas caen.

Como toda historia, ésta necesita un protagonista: el bebé. Un bebé que con la evolución va teniendo un cráneo cada vez más grande, lo que hace que tenga que nacer antes de desarrollarlo completamente para poder pasar a través del canal pélvico.

Se trata de un bebé que vive con un grupo de individuos que ha aprendido que vivir en comunidad, dormir en grupo, les proporciona más posibilidades de supervivencia. Si un individuo duerme solo, aislado del resto, es posible que no oiga al depredador acercándose sigilosamente en plena noche; es posible que muera congelado si no tiene otro cuerpo caliente que conserve su calor; es también posible que se haga daño cazando, huyendo, y no reciba la ayuda necesaria para salvarse…

El protagonista de nuestra historia nace con tan sólo el 25% de desarrollo de su cerebro, totalmente indefenso. El bebé necesita de un cuidador para comer, para protegerlo de los depredadores, para estar limpio… Cuando el bebé no está en contacto directo con su cuidador sufre, se estresa, no se siente a salvo y pide ayuda a gritos. El desarrollo de su cerebro se ve debilitado por el estado de malestar y pánico.

Hasta que empiece a explorar el mundo por sí mismo, hasta que sobre los 9 meses más o menos empiece a gatear y pueda trasladarse de un lugar a otro e investigar, nuestro bebé habrá aprendido, a base de repeticiones, cómo es el mundo.

Si ha estado en contacto directo con sus cuidadores siempre, si cada vez que los ha necesitado han estado ahí, tranquilizándolo y cubriendo sus necesidades, nuestro pequeño protagonista habrá aprendido que el mundo es un lugar seguro, que puede contar con el adulto para protegerlo, calmarlo, motivarlo… Y se sentirá capaz de explorar y probar, con confianza y seguridad.

Pero si, por el contrario, nuestro bebé ha vivido muchas situaciones estresantes, de miedo intenso aunque haya sido breve, habrá aprendido que el mundo puede no ser tan seguro, y que en cualquier momento puede verse solo, indefenso. No tendrá la confianza suficiente para explorar todo lo necesario ni la seguridad de poder hacerlo.

Seguirá aprendiendo a lo largo de su vida, pero esa primera impresión del mundo, la de los primeros meses, instaurada antes de que el pensamiento lógico aparezca, será muy importante para sus aprendizajes posteriores.

Las necesidades de nuestro protagonista están marcadas por la evolución de la especie, pero muchas veces es muy difícil poder cubrirlas por diversos motivos, algunos de los cuales se escapan de nuestro control.

En próximas entradas os detallaremos más sobre el colecho, su efecto sobre bebé y padres, los mitos que circulan sobre él y todo lo que queráis saber. No dudéis en comentarnos vuestro caso y sugerirnos nuevos temas de los que hablar.

Laura Ramírez

Compartir esta publicacion

Dejar un Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*